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Isabel Azkarate y el Xiaomi 17 Ultra, la misma mirada cincuenta años después

Daniel Méndez

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Xiaomi lleva la fotografía móvil al corazón de PHotoESPAÑA con Azkarate vs. Azkarate, una exposición en la que la histórica fotógrafa donostiarra confronta su archivo analógico con una nueva serie creada con el Xiaomi 17 Ultra y ópticas Leica.

La cámara cabe ahora en una mano. Pero la mirada no se miniaturiza. Tampoco pierde oficio ni instinto. A veces, incluso, una herramienta más ligera permite volver a mirar con una energía renovada. Eso es lo que ocurre en Azkarate vs. Azkarate, la exposición con la que Xiaomi entra en PHotoESPAÑA no como simple acompañante tecnológico, sino como parte del proceso creativo. En el Espacio Cultural Serrería Belga de Madrid, las fotografías históricas de Isabel Azkarate dialogan con una serie reciente realizada con el Xiaomi 17 Ultra. A un lado, el archivo: imágenes analógicas tomadas a lo largo de más de cuarenta años de profesión. Al otro, la calle de San Sebastián vista ahora desde un smartphone con lentes Leica. Entre ambos mundos, una misma pregunta: ¿qué cambia cuando cambia la herramienta?

La respuesta no está en la ficha técnica, aunque la tecnología sea fundamental. Está en la pared. En los bancos, los perros, los bares, los paseantes, los comerciantes, las señoras que Azkarate sigue buscando con esa mezcla de desparpajo y curiosidad que ha marcado toda su obra. No es que Isabel Azkarate haya cambiado su mirada para adaptarse al Xiaomi 17 Ultra; es que el Xiaomi 17 Ultra le ha permitido seguir mirando como Isabel Azkarate.

Al principio hubo dudas. Ella misma lo cuenta sin rodeos. “Cuando me propusieron hacer un proyecto con el teléfono dije: pero esto es una locura. ¿Cómo voy a hacer una exposición en mes y medio con fotos hechas con un teléfono?”. Azkarate venía del carrete, del cuarto oscuro, de la cámara al hombro y de una relación física con la calle. También le había costado dar el salto a lo digital. Pero el reto tenía un anzuelo difícil de ignorar: el Xiaomi 17 Ultra incorpora ópticas Leica, una firma con la que ella ha trabajado durante décadas. “Después de toda una vida fotografiando en analógico, ahora se me plantea el reto de preparar una exposición para PHotoESPAÑA realizada con un teléfono Xiaomi, que además incorpora una cámara con óptica Leica, las mismas lentes con las que he trabajado durante décadas. Para mí, la propuesta no podría ser más estimulante”, explica la fotógrafa.

Durante la inauguración, Azkarate no soltaba el teléfono. Lo sostenía, lo enseñaba, volvía a mirar sus fotos, señalaba detalles, hablaba con los visitantes, posaba delante de sus propias imágenes y se movía por la sala abrumada por la expectación que despierta la muestra. “Estoy flipando”, dijo al tomar la palabra ante una sala llena. Luego explicó el proceso con naturalidad: “Con este teléfono lo que he hecho ha sido salir a la calle, como siempre, y sacar fotos, miles de fotos, también como siempre, de todo lo que me llamaba la atención”.

Salir a la calle, como siempre he hecho, y sacar fotos, miles de fotos.

sabel Azkarate

La exposición forma parte de la Sección Oficial de la 29ª edición de PHotoESPAÑA y podrá verse en la Serrería Belga hasta el 28 de junio. La muestra, organizada con la colaboración de Xiaomi España, enfrenta dos tiempos de una misma autora: las fotografías analógicas de los años ochenta, noventa y dos mil con una obra nueva realizada con el Xiaomi 17 Ultra. Las comisarias, Silvia Omedes e Imma Cortés, han construido ese diálogo como un juego de espejos donde el archivo mira al presente y este responde al archivo.

Isabel Azkarate nació en San Sebastián en 1950 y está considerada la primera mujer fotoperiodista vasca. Se formó en fotografía documental en Barcelona, pero fue Nueva York, en 1980, la ciudad donde encontró su territorio natural: la calle. “Soy fotoperiodista. Soy también fotógrafa de calle y llevo haciendo fotos desde los 25 años”, resume ella. Allí salió con sus Leicas a buscar personajes, cuerpos, gestos y escenas. “Siempre fotografío a alguien que tiene algo diferente, especial. Muchas veces veo situaciones que me gusta captar en el momento, sin que cambie la expresión de la gente o el movimiento que tiene”. Aquellas mujeres elegantes, los perros, los bancos, los barrios, la gente que no encajaba del todo en la postal convencional de la ciudad, todo eso fue afinando una mirada directa, rápida y profundamente humana.

Casi medio siglo después, esa manera de mirar sigue ahí. Azkarate sigue prefiriendo acercarse. En la muestra, lo explicaba con naturalidad: había hecho con el móvil “las mismas fotos” que cuando utilizaba cámaras. También reconoció que el teléfono le daba una ventaja inesperada: no impresiona tanto. Una cámara puede levantar una barrera; un móvil, en cambio, se mezcla con la vida diaria. Todo el mundo lleva uno. Todo el mundo mira uno.

Para Nelly de Navia, Head of Marketing de Xiaomi Iberia, esa era precisamente la prueba más exigente. Xiaomi no buscaba sólo enseñar que un móvil podía hacer buenas fotos. Buscaba poner el dispositivo frente a una mirada con historia, con archivo y con una exigencia construida durante décadas. “Para nosotros era espectacular que esta fotográfa, que ha sido una usuaria legendaria de Leica, pudiera probar nuestras ópticas”, explica. “Para poner a prueba nuestro móvil y nuestras ópticas necesitábamos una persona de esta talla”, señala De Navia. “Cuando tienes una exposición hecha con el móvil y que se vea cara a cara con el archivo histórico, creo que lo demuestra. Es un paso muy importante, un hito para nosotros”. Ese matiz importa. En Azkarate vs. Azkarate, Xiaomi no aparece como un accesorio externo, sino como una herramienta de creación. “Al final es su obra. Nosotros solamente somos el medio en el cual ella lo hace”, resume De Navia.

La misma mirada

otra herramienta

María Santoyo, directora de PHotoESPAÑA, explica que para el festival, la fotografía móvil no supone una concesión ni una rareza tecnológica. “No somos prejuiciosos a la hora de valorar el medio por encima del fin”, explica. La fotografía, recuerda, siempre ha estado ligada a la evolución de sus herramientas: “Es una curiosa forma de arte porque está intrínsecamente relacionada con la tecnología desde que existe”. Lo que no puede delegarse es otra cosa. “La esencia del fotógrafo o de la fotógrafa reside en la intención, en la mirada, en el compromiso con el trabajo, en la honestidad”.

Por eso Azkarate vs. Azkarate funciona como algo más que una colaboración entre una marca y un festival. Es un experimento que salió bien. “No sabíamos cuál iba a ser el resultado, ni ella misma sabía si se iba a familiarizar con el dispositivo”, reconoce Santoyo. “Jugábamos con buen material, pero ahí la magia se produce o no”. La sorpresa fue que el Xiaomi 17 Ultra no llevó a Azkarate a otro sitio, sino de vuelta a su propio territorio. “Ha podido trabajar con plena libertad”, apunta la directora de PHotoESPAÑA. “Ha reconectado con su mirada, con las mismas pulsiones que en los años setenta y ochenta, incluso con la misma ilusión o energía de esa juventud”.

Imma Cortés, fotógrafa y una de las comisarias de la exposición, también partía con recelos. “Nunca había trabajado con un archivo procedente de un dispositivo móvil. Y tenía mis dudas”, confiesa. La respuesta llegó al abrir los RAW. “Entro en el programa de procesado y veo que puedo recuperar luces donde no hay, puedo sacar información de negros donde parecía que no había. Ahí me doy cuenta de que estoy trabajando con un archivo de verdad”. Las ampliaciones, dice, son “impecables”, y la decisión del blanco y negro terminó de cerrar el círculo: “Era donde más se podía evidenciar esa mirada que sigue igual”.

Las comisarias detectaron pronto que el proyecto no iba de obligar a Azkarate a mirar de otra manera, sino de reconocer sus constantes. “Lo primero que detectamos al ver las primeras imágenes es que Isabel seguía disparando al mismo tipo de personaje de la misma manera”, explica Cortés. En la sala, las fotos antiguas aparecen enmarcadas. Las nuevas, realizadas con el Xiaomi 17 Ultra, se presentan en dibond, una plancha de polietileno cubierta por dos planchas de aluminio. La diferencia material está ahí, visible, pero no rompe el recorrido. Al contrario: lo ordena. El visitante sabe que está ante dos tiempos distintos, aunque muchas veces la pulsión sea la misma. Una mujer sentada en un banco puede conversar con otra imagen tomada décadas antes. Un perro en brazos de su dueño puede tener algo de aquel viejo catálogo humano que Azkarate empezó a construir en Nueva York. Una tienda de barrio puede responder a un comercio fotografiado en otro tiempo. La ciudad cambia. La gente cambia menos de lo que creemos.

Por eso Azkarate vs. Azkarate funciona como algo más que una colaboración entre una marca y un festival. Es un experimento que salió bien. “No sabíamos cuál iba a ser el resultado, ni ella misma sabía si se iba a familiarizar con el dispositivo”, reconoce Santoyo. “Jugábamos con buen material, pero ahí la magia se produce o no”. La sorpresa fue que el Xiaomi 17 Ultra no llevó a Azkarate a otro sitio, sino de vuelta a su propio territorio. “Ha podido trabajar con plena libertad”, apunta la directora de PHotoESPAÑA. “Ha reconectado con su mirada, con las mismas pulsiones que en los años setenta y ochenta, incluso con la misma ilusión o energía de esa juventud”.

Imma Cortés, fotógrafa y una de las comisarias de la exposición, también partía con recelos. “Nunca había trabajado con un archivo procedente de un dispositivo móvil. Y tenía mis dudas”, confiesa. La respuesta llegó al abrir los RAW. “Entro en el programa de procesado y veo que puedo recuperar luces donde no hay, puedo sacar información de negros donde parecía que no había. Ahí me doy cuenta de que estoy trabajando con un archivo de verdad”. Las ampliaciones, dice, son “impecables”, y la decisión del blanco y negro terminó de cerrar el círculo: “Era donde más se podía evidenciar esa mirada que sigue igual”.