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  • Multa a los nativos

    «Estamos rodeados de granjeros, los animales se han ido y ya no podemos vivir de la caza». Las codiciadas tierras de la sabana brasileña donde los indígenas cazaban ciervos y jabalíes han dado paso a ordenadas hileras de soja y maíz, que son rociadas desde tractores. Algunos jefes indígenas han permitido a los agricultores locales cultivar en un tercio de sus reservas, en el estado de Mato Grosso, y con una parte de los beneficios han podido comprar vehículos, teléfonos y equipar sus chozas con frigoríficos y televisores. Pero el regulador ambiental de Brasil los ha multado por usar cultivos modificados genéticamente y dedicarse a la agricultura a gran escala. Ambos están prohibidos en las reservas.

    Ueslei Marcelino - REUTERS |